EL RINCON DE LAS HADAS

EL RINCON DE LAS HADAS

¿Crees en las hadas? Aunque nunca hayas visto una ellas existen. Son pequeños seres luminosos que aparecen frecuentemente en los bosques profundos, las aguas de los arroyos y los centenarios árboles y llevan una varita que despiden infinidad de chispas

LAS HADAS de Charles Perrault

 

 Érase una vez una viuda que tenía una hija y una hijastra: la mayor, que era la suya, se le parecía tanto de carácter como de rostro, de modo que, quien la viese a ella, a la madre veía.

Ambas eran tan desagradables y tan orgullosas, que nadie podía vivir a su lado. La pequeña, el auténtico retrato del padre por la dulzura y los buenos modales, era una de las mejores hijastras que hayan existido.

Pero, como suele amarse aquello que se nos parece, esa madre estaba encantada con su hija, y al mismo tiempo sentía una gran aversión hacia la pequeña, su hijastra, pues la obligaba a comer en la cocina y a trabajar sin cesar.

Esto hizo, entre otras cosas, el que la pobre niña fuese, dos veces al día, a buscar agua a una fuente que se hallaba a media legua de casa, transportándola en una gran cantara.

Una mañana que había ido a la fuente, vino hacia ella una pobre mujer que le suplicó le diese de beber.

-Si, buena mujer -repuso la muchacha y llenando el cántaro de agua, se lo ofreció, sosteniéndolo a fin de que la anciana bebiera con mayor comodidad. La anciana, habiendo bebido le dijo:

-Eres tan bella, tan buena y tan servicial, que no puedo menos de concederte un don -pues era un hada quien había tomado la forma de una pobre mujer de pueblo, para ver hasta donde llegaba la amabilidad de esta jovencita -.Yo te otorgo el don -prosiguió el hada-, de que a cada palabra que pronuncies, te salga de la boca o una flor, o una piedra preciosa.

Cuando la hijastra llegó a casa, la madre la regañó por volver tan tarde de la fuente.

-Os pido perdón, madre mía -dijo la pobre muchacha-, al haber llegado tan tarde -y en diciendo estas palabras le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos gruesos diamantes.

-¡Qué ven mis ojos -exclamó la madrastra sorprendida -; creo que le salen de la boca perlas y diamantes! ¿Qué ha sucedido, hija mía? -(Esta fue la primera vez que la llamaba hija suya.)

La pobre niña le contó ingenuamente todo lo que le había pasado, no sin lanzar por la boca una infinidad de diamantes.

-Verdaderamente -se dijo la madre-, es preciso que yo envíe a mi hija... Mira que es lo que le sale de la boca de tu hermana cuando habla. ¿No estarías muy contenta si poseyeras el mismo don? Es bien sencillo, no tienes más que ir a buscar agua a la fuente, y, cuando una pobre mujer te la pida para beber, se le das-¡No me apetece ir a la fuente! -respondió con grosería la hija.

-Pues yo quiero que vayas -repuso su madre-, y deprisa, ¡ahora mismo!

Su hija fue, pero siempre refunfuñando. Había cogido el más hermoso jarro de plata que tenían en la casa y aún no había llegado a la fuente, cuando vio salir del bosque a una dama magníficamente vestida, que se acercó a pedirle agua. Era la misma hada que se le apareciera a su hermanastra, pero había tomado el aspecto y las vestiduras de una princesa, para ver hasta donde llegaría la mala educación de la muchacha.

-¿Es que yo he venido aquí -le dijo orgullosa la joven-, para daros de beber? ¡Justamente traigo un jarro de plata expresamente para calmar la sed de la señora! Os aconsejo que bebáis vos misma si queréis.

-Eres muy poco amable -repuso el hada sin encolerizarse- .Bien, puesto que de servicial no tienes nada, te otorgo como don, que a cada palabra que digas, te salgan de la boca o una serpiente o un sapo.

Tan pronto la madre vio a su hija, le gritó:

-¿Y bien, hija mía?...

-¡Y bien, madre mía! -le respondió la maleducada echando por la boca dos víboras y dos sapos.

-¡Oh, cielos! -gritó la madre-, ¿qué es lo que veo? ¡Tu hermana tiene que ser la causante: me las pagará!

Y dicho y hecho, corrió hacia ella para golpearla. Entonces la pobre niña huyó buscando refugió en un bosque cercano.

El hijo del rey, que volvía de cazar, la encontró y viéndola tan bella, le preguntó que es lo que hacía sola en medio de la espesura y por qué lloraba.

-¡Ay de mí, Señor, mi madre me ha echado de casa!

El hijo del rey, viendo surgir de su boca cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, rogó que le dijera de donde venía, y ella le contó toda su aventura.

El príncipe heredero se enamoró de la joven, y considerando que tal don bien valía el hacerla su esposa porque era la mejor de las dotes, la llevó al palacio del rey su padre y se casó con ella.

En cuanto a la mala hermanastra, se hizo tan odiosa, que su propia madre la arrojó de casa, y la desgraciada, después de haber ido de un lado para otro, sin encontrar a nadie que la quisiera acoger, fue a morir en un rincón del bosque.

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LA PRUEBA DEL HADA MADRINA

                                                                                               Hace muchos años un muchacho se enamoró de una bella joven, pero al pedirla en matrimonio, ésta le dijo que su hada madrina le había puesto una condición : se casaría con quien fuera capaz de hacer un agujero en el agua. -jEso es imposible! -dijo el joven. -Mi hada madrina me ha asegurado que quien de verdad me ame, lo logrará. El enamorado pensó y pensó y anduvo por muchos lugares en busca de una solución. Hasta que llegó a las tierras frías del norte y al ver un lago que estaba helado comprendió que ahí se podía hacer un agujero en el agua. Gracias a eso se casó con su amada y fueron muy felices.

CORAGE VALENTIA Y AMOR

                        

   Este es un relato  muy antiguo y quizas las hadas y elfos que salen en él,  ya hayan muerto.

Era un pueblo lejano, en unas altas montañas, debajo de una cascada. Allí nadie iba por lo tanto era un buen lugar de vida para las hadas.

    No habían tenido contacto con los humanos y por ello vivían felices. No existía la rivalidad entre hadas y elfos, al contrario, convivían felices.

           Tenían una reina hada, llamada Shorin. Ella vivía feliz, reinaba con tranquilidad y nunca había tenido problema alguno para convivir con los demás. Tenía 4 hijas. Todas ellas muy hermosas, pero la mayoría de hadas del reino de Shorin envidiaban la belleza de la pequeña Charlsa. Pero, no sólo había una reina, sino que también había un rey, un rey elfo, Porine. Él tenía 2 hijos. El mayor era un luchador nato, pero también era un envidioso y posesivo. Su hermano, Corintio, era un valeroso y simpático príncipe.

            Charsla, siempre había sentido atracción por Corintio, pero, en el país de Shorin las hadas no tenían derechos por lo tanto, ella no podía elegir marido.

            Cada mes, el día 15, se unían todos, los elfos y las hadas; tras muchas pruebas de valentía y coraje se elegían los respectivos maridos de las princesas hadas. Charsla nunca le había tocado el turno de que un buen elfino le pidiera mano, porque las pruebas para ella eran muy complicadas ya que era la hada más bella del reino.

            Corintio nunca se había presentado al concurso, él amaba a Charlsa pero no podía competir por ella.

            Con el corazón partido a pedacitos, se dirijió al elfo más sabio de todos los elfos, Podin. Él era viejo, pero tenía un gran corazón, un corazón transparente y puro. Corintio le explicó su problema, le explicó lo que sentía por la princesita Charlsa. Podin le dio un buen consejo:

- Hijo, tu corazón es muy grande y en el está el nombre de Charlsa. Eres valeroso y todo un caballero por lo tanto, tienes que someterte a esas pruebas.

- ¿y si muero?

- Corintio, si mueres, morirás por amor, por amor a alguien que te está esperando, a alguien que te quiere y que te esta esperando.

Así fue como se presentó.

             Las pruebas eran duras y cada prueba duraba muchísimo tiempo. Demostró amor, valentia y coraje.

¿Y sabéis? Eso es lo más importante de esta vida, el amor la valentía y el coraje, todo en elo forman un corazón puro y si estás enamorado lo demás no importa para nada.

Esas características son propias de los personajes "fantásticos".

Besos y tomad ejemplo.

 

LA HISTORIA DE MILISANT

 

                                                  Milisant era un hada niña; y como todas las niñas, sea de la especie que sea, era traviesa, curiosa, dulce y juguetona. Vivía en un bosque mágico que era frontera con el mundo de los sueños, en el colegio de hadas, puesto que estaba aprendiendo a tener todos los poderes de un hada adulta. Era hija de una ninfa del bosque y un elfo enano; y la reina de las hadas había dicho a sus padres que necesitaba niñas para su clan de hadas verdes, y allá fue Milisant... a convertirse en hada verde.

 

          Sólo que nuestra pequeña amiga no quería ser hada verde... Las hadas verdes son las encargadas de pintar de este color todos los árboles, las plantas, arbustos... que habitan en el bosque mágico. Ella quería ser un hada flor. Las hadas flor son aquéllas que, como las hadas verdes, se encargaban de dar color a todas las flores del bosque, pero con una ventaja: ellas podían utilizar infinidad de colores: rojo, rosa, blanco, azul, violeta, amarillo...

                                                                                   

           Milisant llevaba una estación en la escuela de hadas. En la próxima primavera, que sería muy pronto, tendría que salir a ayudar a las hadas adultas a colorear de verde todo el bosque. Para ello tenían que agitar las alas que la reina le había impuesto y éstas derramaban un polvillo verde que pintaba las hojas. Pero estaba enfadada. No quería llevar el color verde. Quería ser como las otras, como las hadas flor, y por eso estaba siempre haciendo travesuras y siendo castigada por ello.

 

Por fin llegó la primavera. La reina de las hadas congregó a todas sus súbditas y nombró jefas de grupo para comenzar su trabajo de todos los años. A Milisant le tocó ir con el grupo de Jhone, que era el encargado de dar color a las hojas de los pequeños arbustos. Era el trabajo más sencillo y por ello se le encargaba a las principiantes.

 

Jhone, precavida no dejó que Milisant se apartara de su lado, pues sabía de las travesuras que era capaz nuestra chiquitina.

 

                                                  Transcurría el día con tranquilidad. Milisant se aburría mucho, todas las hojas eran iguales y Jhone no le dejaba moverse para nada. Al cabo de un rato, se acercó un grupo de hadas flor y su jefa de grupo, ésta se puso a charlar con Jhone sobre el trabajo. Milisant veía maravillada los colores de las hadas flor... y entonces se dio cuenta de una cosa: ¡No había ninguna hada flor que llevara el color verde! Por eso, se le ocurrió una idea. Poquito a poquito se fue metiendo entre el grupo de las otras sin que nadie se diera cuenta.

 

Jhone  y la otra hada terminaron de hablar y se despidieron. Ésta última se marchó junto con su grupo y Milisant, escondida entre ellas, también. Llegaron a un gran campo de flores y todas comenzaron a hacer su trabajo, y Milisant también. Empezó a teñir de verde las flores que más le gustaban. ¡Quedaban muy bonitas!.                                                                 

 

De pronto la jefa del grupo flor la vio, y vio lo que estaba haciendo, y empezó a gritarle para que parara. Milisant, muy asustada se escondió en un capullo de rosa que antes había teñido de verde. Enseguida llegaron el resto de las hadas para ver el desastre y todas murmuraban reproches entre sí. De pronto, todo el mundo calló: era la reina Aldara, que llegaba a poner orden.

 

Durante un rato se quedó mirando la escena, después preguntó quien era responsable de aquel desaguisado. Jhone se adelantó cabizbaja y avergonzada y le contó toda la historia. Entonces la reina llamó a Milisant, le dijo que saliera de su escondrijo y le explicara porque había hecho aquello con las flores. Ella asustada, se lo contó todo, que se había dado cuenta de que las flores no era ninguna verde y por eso lo había hecho, porque ella quería ser un hada flor...

 

                                              La reina sonrió y le dijo que tenía razón, eran muy bonitas y raras las flores verdes. Todos miraron asombradas como la reina se reía de la travesura de la pequeña en vez de ser castigada.

 

Así a partir de ese día, hubo un hada flor que teñía las flores de verde, y fue muy feliz, tanto, que llegó a amar el color verde.

 

FIN

 

UNA VENTANA A LA FANTASIA

 

 

 

 

 

 

 

EXISTE EL PAIS DE LAS HADAS?

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Al principio de los tiempos, los hombres y las hadas compartían un mismo medio. Luego llegaron los avances técnicos, la civilización, el ruido y las carreteras. Poco a poco el hombre se fue alejando de la naturaleza, y también de las hadas, que se vieron obligadas a refugiarse en otros lugares. Así, unas asentaron sus reinos bajos las colinas o dentro de cuevas, otras construyeron palacios de cristal bajo los ríos o en el interior de los océanos, otras se escondieron en las fuentes, otras entre los bosques, separando su mundo del de los hombres y rompiendo paulatinamente toda comunicación.

                                                           
No tuvieron mal gusto las hadas para ir a refugiarse, pues escogieron el norte de Europa, sobre todo las costas y lagos escoceses, las colinas irlandesas, los bosques daneses, incluso zonas del norte de Francia. Con esto no quiero decir que no las podamos encontrar en otros lugares, sólo que la mayoría de los relatos de hadas se sitúan en estas zonas.

                                                                      
No faltan los testimonios que aseguran la existencia del País de las Hadas. Frente a las costas de Gales, cuentan los marineros que existe un reino famoso por sus palacios de cristal, conocido como la Isla de Cristal. Este lugar de gran belleza dicen que sólo se puede apreciar desde los barcos, porque su visión aparece y desaparece entre la niebla.

                                                                                 
En muchos relatos la localización queda mucho menos definida. En algunas zonas de Irlanda se asegura que, en ocasiones, una neblina oculta ciertas zonas del bosque y, si uno se fija con atención, puede estar asistiendo a un cortejo de hadas, presenciando su desfile, especialmente algunos días del año, como la Noche de San Juan. Esa noche abundantes testimonios afirman que han presenciado una cabalgata. Primero escucharon las músicas de los festejos, detrás un séquito de caballos pasaba ante sus ojos y, a través de la neblina, veían a estos seres que aparecían y desaparecían, todo rodeado de una luz muy suave. De repente la neblina se disipaba y estas imágenes desaparecían de la misma manera que aparecieron.

                             

                                      

 Otros relatos vienen a insistir, sin embargo, en la existencia de un mundo paralelo al nuestro, como si hubiera otro mundo en nuestro propio mundo, pero en otra dimensión. En estas narraciones se cuenta cómo un ser mágico le pide a un mortal que lo siga y éste obedece. Empiezan a cruzar las calles del pueblo, pero de pronto, y ante la sorpresa del mortal, se encuentra en lugar desconocido, en el que nunca había estado antes.

                                                                     
Pero hay un lugar, la Isla de Avalon, donde muchos relatos insisten que se encuentra el País de las Hadas. Avalon, en galés Avallach, significa tierra de las manzanas. En gran cantidad de leyendas célticas, y en especial las artúricas, era una isla mítica. Para los celtas ésta era una isla paradisiaca, sobrenatural, invisible para los ojos de los mortales, donde no había llegado aún la tradición cristiana y en la que los sacerdotes eran especialistas en artes curativas y mágicas. En la isla de Avalon, o isla de las manzanas, no existía el tiempo, la enfermedad, el frío, el sufrimiento o el dolor.

 

     Las manzanas simbolizaban la eterna juventud y el lugar que aguardaba a los héroes, por eso éste fue el sitio elegido por el rey Arturo como residencia y al que llegó mortalmente herido antes de morir. También cuenta la tradición que en este lugar se encuentra el cuerpo incorrupto de José de Arimatea, que llegó allí con el Santo Grial.
La isla de Avalon es la isla de las hadas; la isla donde se refugió Morgana huyendo de la corte; la isla en la que se forjó Excalibur, la espada del rey Arturo; la isla en la que vivía Elaine de Corbenic, la madre de Galahad, único caballero que alcanzó la posesión del Grial, y donde también vivía Nínive, encargada de educar a Lanzarote.

 Allí llegó Arturo mortalmente herido, y allí lo recibieron las tres mujeres, llorosas y vestidas de negro, que le hicieron los honores. Allí, el lugar mítico del País de las Hadas.
Sea este lugar o cualquier otro, las crónicas, relatos y leyendas coinciden en describirlo como un sitio parecido al nuestro, con islas, bosques, mares, lagos, fuentes, colinas, cuevas, pero habitados por seres con apariencia humana con reglas y poderes diferentes. A estos seres con apariencia humana y que no lo eran, coincidieron en llamarlos hadas o ninfas, duendes o elfos, o simplemente "ellos", y al lugar lo llamaron "El País de la Eterna Juventud", "el Reino de las Hadas" o "el Otro Mundo". También contaron que allí descubrieron a humanos, niños y mujeres que habían sido raptados, niños que por curiosidad habían llegado allí, gaiteros que los acompañaban con la música, hombres atraídos por las bellas mujeres.

                                   

 

Y, ¿CÓMO CONTARON QUE ERA EL PAÍS DE LAS HADAS?


Todos insistieron que se encontraron en un lugar idílico, tanto, que cuando las hadas aún no se habían alejado de nosotros, muchos hombres valientes vivían en la frontera de estos reinos para disfrutar de su medio. Algunos no se atrevieron a cruzar la frontera, pero encandilados por el terreno, vivían próximos a ellas y se negaron a volver. 
                                                                                           En sus tierras no conocen ni el frío ni el calor, las sequías ni las heladas. El clima es templado, lo que propicia una vegetación variada, árboles frondosos, frutales colmados de fruta, jardines con flores de todos los colores y un aroma suave y delicado. Dicen que de día el sol luce de modo deslumbrante, de noche el brillo plateado de la luna ilumina la oscuridad. No conocen la enfermedad y el tiempo transcurre lentamente, tan lento, que casi se diría que no transcurre, por eso no se envejece, o se tarda mucho en envejecer. Según confesó en una ocasión un hada a un mortal, un día en este reino equivale a un año mortal.
Muchas historias tratan de explicar la equivalencia del tiempo entre el País de las Hadas y el nuestro, como la siguiente:
Hace muchos años un hombre fue raptado por las hadas y lo llevaron a su país. Como las hadas son generosas lo aceptaron bien, pero el hombre añoraba el lugar y las gentes que conoció. Un día fue tal la tristeza y la añoranza de su tierra que el hombre decidió escapar. Las hadas hicieron lo imposible por evitarlo y el hombre tuvo que superar muchas pruebas. Cuando ya las fuerzas casi le abandonaban se dio cuenta que lo había conseguido y que por fin había llegado al sitio que lo vio nacer, pero no lo conocía. Todo había cambiado. Llamó a las puertas de viejos amigos, pero nadie le abría, acudió a la casa donde había vivido durante años, pero ya no estaba, otra más moderna ocupaba su lugar. Sin él esperarlo habían pasado cientos y cientos de años de su partida y ya nadie lo conocía.
 

UN PRECIOSO RELATO....

                                                                       Hace muchos años un rey elfo se quedó prendado de la joven Ethna, según decían todos la muchacha más hermosa de la tierra. La muchacha vivía feliz en Irlanda, donde preparaba con ilusión su boda con un elegante noble. Todos los amigos y conocidos de la joven acudieron a la fiesta que celebraron la noche de su boda y contaron que ella y su marido bailaban en el salón regalándose tiernas miradas. La casa estaba adornada con guirnalda de colores y miles de luces iluminaban el salón. Ethna sonreía a su marido mientras bailaba, pero de pronto, un torpe traspiés dio con la joven al suelo.

 

           Se formó un gran revuelo y todos rodearon a la novia, pero ésta no volvía en sí. Su marido, muy preocupado, la tomó en sus brazos y se la llevó a su alcoba, donde pasó toda la noche poniéndole paños mojados en su frente. A la mañana siguiente, con el primer rayo de sol, la joven despertó. - ¡Qué extraño sueño he tenido! Vivía en un hermoso palacio donde era muy, muy feliz. Muchas personas me rodeaban y yo era la dama de un importante rey. Ethna intentó levantarse, pero no pudo. Intentó hablar, pero tampoco pudo. Ante los ojos atónitos del marido cayó en un profundo trance del que nadie lograba despertarla. Su marido llamó a los mejores médicos y pronto acudieron a su alcoba, pero ninguno consiguió dar con la cura. La joven respiraba bien, incluso parecía en paz, pero nunca despertaba.

                                                                                                                                                         

 Una noche, en un descuido del marido, Ethna desapareció. El joven noble estaba como loco y no paraba de viajar buscándola por todas partes. Un mes después de su desaparición, camino de un pueblo cercano en el que se decía que había un bosque milagroso, escuchó un rumor entre las hojas: - Finvarra parece que ha encontrado pareja. Dicen que ha raptado a la joven mortal más hermosa que ha encontrado y que sólo ha dejado su cuerpo. Si su marido supiera que podría liberarla cavando la tierra hacia el interior hasta dar con el palacio de Finvarra, que se esconde en el interior de esta colina, seguro que Finvarra no estaría tan contento como está.

 El marido no podía caber en sí de gozo. Regresó a casa y llamó a algunos amigos suyos. Les contó lo que había oído y les pidió que le ayudaran a rescatar a su esposa.                                                        

                                                      

Una hora después cinco hombres cavaban la tierra hasta hacer un enorme agujero. Luego  llegó la noche, y el cansancio, y tuvieron que dejarlo para continuar a la mañana siguiente.

Pero la mañana guardaba una sorpresa: la tierra estaba intacta, como si nunca hubieran cavado. De nuevo empezaron los cinco amigos a cavar, y de nuevo llegó la noche, y el cansancio, y descansaron.

A la mañana siguiente la tierra volvía a estar intacta, como si nunca nadie hubiera cavado.

Todos estaban desanimados, y el marido más triste que ninguno, ¿para qué cavar si no servía de nada?

                                                                                                                                                    Agotados por el esfuerzo se echaron sobre la hierba para descansar.  Un rumor sonó de nuevo entre las hojas: - Finvarra es muy poderoso y puede volver la tierra a su sitio. Pero la sal es aún más poderosa que Finvarra.

Y el noble tuvo una idea. Pidió a sus amigos que le dieran una nueva oportunidad, y todos cavaron hasta el atardecer. Cuando empezaba a anochecer descansaron y el joven echó sal sobre el agujero. A la mañana siguiente todo estaba como lo habían dejado, con un agujero en la tierra. Esto les alegró y les animó a seguir cavando todo el día.

                                                                                    Tres días enteros estuvieron cavando, y cada noche echaban sal. Al cuarto día uno de ellos gritaba: - Escucha, aquí ya no hay tierra, golpeo con mi pala y suena como si retumbara, creo que estamos a punto de llegar a su castillo.

En ese momento una voz grave rugió en la colina, aunque ninguno pudo ver de dónde salía la voz. - Deteneos, coged vuestras palas y volved a vuestras casas. Os prometo que si no continuáis cavando, esta noche Ethna regresará a su casa.  

Los hombres asintieron. Sabían que Finvarra les decía la verdad, porque si una pala humana tocaba con su hierro el palacio, éste se destruiría. Todos esperaban que oscureciera. Cuando se puso por fin el último rayo de sol vieron a lo lejos que se aproximaba un caballo.

Era Ethna, más hermosa que nunca, más radiante aún que la noche de su boda. Su marido la abrazaba y la besaba, pero Ethna no hablaba, y el joven pensó que sería del cansancio. Pasaron los días, y los meses, y hasta un año, y Ethna seguía sin hablar.

Un año y un día después de su regreso, cuando los dos paseaban alegres por el campo, el marido escuchaba un nuevo rumor: - Finvarra devolvió a la muchacha, pero se quedó su corazón. En su vestido oculta un pasador encantado que la une todavía a Finvarra. Si logran encontrar el pasador, desatarlo, prenderle fuego y arrojar las cenizas ante su puerta, se romperá el encantamiento y Ethna volverá a ser de nuevo mortal. Y así lo hizo.

                                                                                             

Cuando se hizo de noche y su mujer dormía, miró el vestido de su mujer y encontró escondido entre sus pliegues un hermoso pasador de oro. Le quitó el pasador, le prendió fuego y arrojó las cenizas ante su puerta.  

A la mañana siguiente la hermosa Ethna despertó, sonrió a su marido y le dijo: - Me siento como si hubiera dormido durante muchísimos meses. - ¿Estás bien? - le preguntó su marido. - Sí, ¿por qué me miras así de extrañado?

Había olvidado todo lo que había vivido en el otro mundo. Cuentan que Ethna y su marido siempre fueron felices y que nunca más Ethna volvió a sufrir nada extraño.
                                                                        

                                                                       

UNA LEYENDA DE HADAS

Esta leyenda o cuento, nació en el sur de Gales en lo alto de las Montañas Negras donde hay un misterioso lago.

Muy cerca de allí, en una humilde granja, moraba una viuda con su hijo Dafydd. quien acostumbraba a llevar el rebaño a pastar junto al lago. Así pues, cierta mañana, al joven le sorprendió ver brotar de sus aguas a una hermosa joven de piel muy blanca y larga cabellera rubia, que comenzó a peinarse haciendo servir la superficie del lago como espejo.

                                                                                            Maravillado, Dafydd aproximóse porque no daba crédito a sus ojos, y sin saber que hacer no se le ocurrió otra cosa mejor sino ofrecerle su desayuno que consistía en un pedazo de pan y un trozo de queso. El hada se le acercó andando por encima del agua, pero, aunque sonreía, no aceptó el presente, y le dijo que no era con un mendrugo de pan seco como la conquistaría, advertido lo cual desapareció dentro de las aguas del lago.

 

De regreso a la granja fue a contarle a su madre lo sucedido y ella le recomendó que, la próxima vez, le llevara masa de pan a la mágica criatura. El consejo fue escuchado por Dafydd y al siguiente día corrió al lago con su rebaño. La estuvo esperando horas y horas y al atardecer, cuando ya desesperaba, el hada compareció, más bella que el día anterior si cabe, y Dafydd le ofreció de nuevo su presente, rehusándolo ella otra vez, con el añadido de sus enigmáticas palabras de que no era con masa de pan como la conquistaría.

Desolado, regresó el joven a la granja y entonces su madre le aconsejó que probara llevándole un pan a medio cocer.

                                                                               

Daffyd madrugó muchísimo para estar cuanto antes en el lago a la mañana  siguiente, pero madrugó en vano porque las horas fueron transcurriendo y el hada no se presentaba. Llegó la noche y él se iba a marchar muy apesadumbrado cuando vio que avanzaban sobre las aguas del lago varias vacas negras y detrás surgió ella. Daffyd corrió a su encuentro metiéndose en el lago, le ofreció por tercera vez el pan y el hada aceptó sonriente. Él estaba tan emocionado que bajó la vista sin saber que decir, descubriendo en ese momento que ella mostraba roto un lazo de su sandalia izquierda.

Al cabo Daffyd, reunió todo su valor, y le dijo:

-Hada del lago, me he enamorado de ti y te ruego que consientas en ser mi esposa.

 

Semejantes palabras la sorprendieron, pero, después de escuchar durante mucho rato las apasionadas palabras del joven, acepto tomarle por marido, con una condición.

-Nos casaremos y no me separaré de ti hasta que no me maltrates de obra por tres veces y por tres veces me grites.

Daffyd juró y perjuró que nunca haría tal cosa, que antes se cortaría la mano que hacerlo.

Mientras tales juramentos profería, ella dio media vuelta abismándose en interior

del lago.

 

Daffyd pensó que se le había burlado y decidió quitarse la vida, para lo cual trepó a una alta roca y ya iba a tirarse de cabeza al lago cuando en ese instante pudo escuchar una fuerte voz que exclamaba:

-¡Detente, joven irreflexivo, desciende ahora mismo de ese peñasco y acércate!

Dafydd miró hacia abajo descubriendo a un anciano caballero de noble aspecto al que acompañaban dos lindas doncellas. Olvidando sus propósitos suicidas, descendió.

-Se me ha dicho que pretendes casarte con una de mis hijas -le dijo el caballero-, puedes hacerlo ya que otorgo mi consentimiento, mas antes debes señalarme a aquella a quién te hayas declarado.

Dafydd se sintió muy seguro de su victoria, sin embargo, en cuanto contempló a las dos hermanas dióse cuenta de su error ya que ambas eran tan idénticas que parecían gemelas, e incluso vestían y peinaban de igual manera.

Muy desalentado, estaba a punto de darse por vencido cuando una de las dos hizo un imperceptible movimiento con el pie y al fijarse pudo él advertir que calzaba la sandalia rota de su amada aparición.

                                                                           -¡Esta es! -exclamó jubiloso Dafydd, cogiéndola de la mano.

-Muy bien -dijo el anciano-, has elegido correctamente. Te la doy por esposa con una espléndida dote de vacas, cabras, ovejas, cerdos y caballos. Ahora bien, no tienes que olvidar que si llegas a maltratarla de obra por tres veces y por tres veces le gritas, regresará al fondo del lago conmigo y nunca más la volverás a ver.

 

Dafydd volvió a jurar y perjurar que él no haría jamás semejante cosa, pues antes se cortaría una mano que hacerlo, y el trato quedó cerrado desapareciendo el padre con su otra hija, y marchándose Dafydd y su prometida con la escolta de un inmenso rebaño que, brotando de la nada, les siguió mansamente hasta la granja.

El hada del lago y Dafydd se casaron al poco tiempo y fueron muy felices durante varios años. Cierto día, Dafydd y su esposa, tuvieron que ir a una boda que se celebraba en el pueblo más próximo pero hallábase un poco lejano para ir a pie. A medio camino su esposa se quejó de cansancio y el marido fue a buscar un caballo. Como ella le había pedido que le trajese los guantes, olvidados al salir, Dafydd regresó con montura y encargo al  mismo tiempo, mas, para su sorpresa ella le dijo entonces que ya no quería ir a la boda, "porue es mejor así", lo cual enfadó mucho a Dafydd, quien, sin poderse contener, la abofeteó con los guantes mientras le gritaba:                        

                                                                                  

-¡Por supuesto que irás, ya estás montando en el caballo inmediatamente!

Ella subió al caballo y le dijo con tristeza:

-Recuérdalo, esta es la primera bofetada que me pegas si me maltratas de obra dos veces más y me gritas, ya sabes lo que sucederá.

 

Dafydd recapacitó entonces acordándose de su juramento y se prometió a sí mismo no volver a maltratar a su esposa nunca más ni de obra ni de palabra.

Pero transcurrió el tiempo, y fueron de nuevo invitados, en esta ocasión a un bautizo. Estaban en medio de la fiesta que siguió, todos muy contentos y brindando a la salud del recién nacido, cuando el hada del lago se echó a llorar con desconsuelo, mirándola todos muy sorprendidos y su marido el primero.

-¿Por qué lloras? -quiso saber Dafydd, a lo que ella repuso en voz lo suficientemente alta para que todos la oyeran:

-Lloro por la suerte de este pequeñín cuyos días sobre la tierra van a ser muy cortos.

 

                                                                    Los asistentes se quedaron desagradablemente impresionados , sobre todo los padres del niño como es de imaginar, y Dafydd, que por otra parte había bebido más de la cuenta, la agarró por los hombros sacudiéndola con rudeza.

-Pero, ¿qué dices, es que te has vuelto loca? -gritó.

Ella, con las lágrimas resbalándole por las mejillas, le dijo:

-Recuérdalo, me has maltratado de obra y de palabra por segunda vez, si lo haces una tercera ya sabes lo que sucederá.

Dafydd se asustó mucho al oírla y prometióse a sí mismo, que nunca más volvería a maltratar a su esposa ni de obra ni de palabra.

Transcurrió el tiempo, no demasiado, y un mal día fueron llamados al entierro de aquel niñito cuya desaparición había predicho el hada del lago. Se hallaban todos en tan triste reunión, cuando en el momento en que bajaban el ataúd a la fosa, ella se echó a reír alegremente en medio de la consternación general

-¿Qué estás haciendo, desgraciada, es que no tienes en cuenta el dolor de estos padres? -exclamó su marido horrorizado, a lo que ella redobló sus risas.

Escuchando aquello Dafydd, sin pensárselo dos veces, le cruzó la cara con un par de bofetadas, y en ese preciso instante comprendió lo que acababa de hacer.

 

                                                                                            

El hada del lago dejó de reír y contemplando con tristeza a su marido, le dijo:

-Mi risa la producía la alegría de saber que este pobre niñito había dejado de sufrir por causa de su enfermedad... Esposo mío, me has maltratado de obra y de palabra por última vez. Todo ha concluido entre nosotros; no volverás a verme. Adiós.

Y así diciendo el hada desapareció y nunca más Dafydd volvió a verla, lo que le originó tan grande dolor y arrepentimiento que un día se metió andando en el lago hasta que el agua le cubrió por entero sin que su cuerpo fuera encontrado jamás.

Versión de Estrella Cardona Gamio © 2007

 

MAS COSAS SOBRE LAS HADAS

             La creencia en la existencia de las Hadas, es común a las más diversas culturas, encontrando el origen en los mitos y leyendas de cada una de ellas.
Una de las tantas leyendas, sostiene que las hadas son ángeles caídos o paganos muertos que no han sido suficientemente buenos para entrar en el paraíso, ni tan malos como para entrar en el infierno, quedando obligados a vivir eternamente a mitad de camino.
Otra leyenda cuenta que cierta vez, estaba Eva, a orillas de un río, bañando a sus hijos, cuando escucho que Dios, le hablo. Temerosa, Eva oculto a los hijos que todavía no había bañado, para que Él no los viera. Dios, que todo lo ve, le preguntó si con ella estaban todos sus hijos y Eva mintiendo, respondió que sí. Entonces, Dios le advirtió que aquellos que había ocultado, quedarían ocultos para siempre a los ojos de los hombres y fueron esos niños los que se convirtieron en hadas o Elfos.
La ubicación de estos seres elementales, ha sido variable con el correr de los tiempos y las culturas. Para los Irlandeses, alguna vez se ha encontrado en el horizonte y otras bajo sus propios pies, alguna vez en tierras montañosas y otras en una isla mágica en el medio del mar, o debajo del océano.
Para otras culturas se los puede encontrar, en el ambiente natural, en una planta, un árbol, la tierra, un lago, en la brisa, el sol, en el perfume de las flores y todo lo natural que nos rodea. En una palabra, el aire, el agua, la tierra y el fuego son los cuatro elementos que contienen a los Espíritus Elementales.

                                                                                  
            La creencia en hadas y otros seres mágicos hunde sus raíces en la noche de los tiempos y el recuerdo de ésta creencia persiste en lo mas profundo de psique humana. En toda Europa, el pueblo, y en especial las comunidades rurales, ha conservado una gran riqueza de tradiciones relativas a estos seres que adoptan una gran variedad de formas y que pueden ser buenos o malos, perjudiciales o benéficos, pero a los que en cualquier caso hay que tratarlos con gran prudencia, pues ofenderlos puede ser muy peligroso. Para protegerse de ellos o para ganarse su favor, hay muchos amuletos, gestos, rituales, etc., en los que el pueblo confiaba ciegamente. Y es que la relación entre hadas y humanos es muy compleja y a menudo, de mutua dependencia y regidas por unos parámetros fuera de lo cotidiano, ya que el mundo de las hadas tiene sus propias leyes, muy distintas de las nuestras. Algunas de éstas creencias son tan antiguas como la vida misma: existen crónicas medievales de principios de siglo XII en las que aparecen cuentos que son ejemplo de ellas, y en algunos lugares de las Islas Británicas, el folclore relativo a las hadas es de una riqueza impresionante y hasta cierto punto sigue aún viva.

EL MUNDO MAGICO DE LAS HADAS

 

 

Las hadas están en el mundo desde que el hombre existe. Se conocen episodios y leyendas tan famosas, que se pierden en el tiempo. Ya en la Edad Antigua, durante el apogeo de la cultura Griega, se tejieron innumerables historias sobre seres fantásticos, incorporados en su cotidianeidad debido al carácter politeísta de su religión. Muchas de sus deidades menores poseían características mucho más mágicas y suaves (a diferencia de los Grandes Dioses), siendo estos seres los que se relacionaban con la Naturaleza simple y original. Ejemplo de ésto son las Ninfas, Dríades, y otros grupos. Posteriormente, en la Alta y Baja Edad Media, durante el ciclo céltico y medieval, la popularidad de las hadas y su interacción con el género humano se hizo más general e intensa. Con el mayor ímpetu cobrado por las artes en la época victoriana, infinidad de cuentos, relatos y representaciones artísticas de las hadas poblaron la vida habitual, a la luz de un resurgimiento de las creencias tradicionales y el folklore propio de las regiones anglosajonas, nórdicas y europeas en general.

 

 

La palabra "hada" procede del latín "fata", derivada a su vez de "Fatum", el hado o el destino, que, en el Medioevo, tenía la identidad de una Diosa, responsable del avatar humano. Igual procedencia posee el término francés "fée", del que fueron derivadas las palabras inglesas "fey" y "fairie", las cuales variaron su ortografía con el uso y el tiempo, por ejemplo "fayre", "faerie" y "fairy". En los textos la palabra "faerie" hace referencia al mundo y simbología de las hadas como entidad, y es también un calificativo que traducido al español se lee como "feérico", a saber, "música feérica", "tierra feérica", etc. La mayoría de las culturas poseen un espectro mágico y lírico, el cual se ha hecho corpóreo en su mitos y los protagonistas de los mismos. El mito surge de la necesidad de ilusión y sueño, satisfecha a través de la fantasía, la imaginación, y también de la interpretación artística de aquellos hechos extraños, imposibles de explicar, donde ha sido mucho más bello y sensible darles un carácter de misticismo, que desmenuzarlos científicamente.

 

 

Amantes, poetas, artistas, escritores, escultores, músicos, en rigor todas las artes, se reconocen deudores de una fuerza no identificable, invisible, caprichosa, sensitiva, esquiva, que se llama "inspiración" o "musa", que es totalmente irresistible cuando hace su aparición. No es ninguna coincidencia que sean éstas también las principales características de las hadas. Las hadas obran como un compilador inconsciente de la fantasía y magia ajena al mundo humano tradicional. En ellas se han personificado las ilusiones románticas de todas las culturas. El hombre no pudo nunca mantenerse incólume a su encanto, y, lo que es seguro, jamás lo logrará.

 

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EL RINCON DE LAS HADAS ¿Crees en las hadas? Aunque nunca hayas visto una ellas existen. Son pequeños seres luminosos que aparecen frecuentemente en los bosques profundos, las aguas de los arroyos y los centenarios árboles y llevan una varita que despiden infinidad de chispas